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Es nuestra vocación empujar las voluntades hacia la restante: la Naturaleza, la que justamente sintetiza en su armónica diversidad la factibilidad de una propuesta posible para ambientes y gentes reales. De las otras dos variable nos importa mas la lección de la tradición y la realización sensata que la imitación de la historia y la utopía tecnológica.
La diversidad es una de nuestras obsesiones, no creemos en la “unidad y la coherencia” a priori, como si la semejanza de las partes garantizara el orden: creemos en la organización de un lugar mas que en el “orden” del mismo, esta organización surge de las diversas situaciones y escalas, en general distintas entre sí, pero convocadas a un destino común.
Nos identificamos con el concepto de “patrón” de Christopher Alexander como “referente” (dijera Sorondo) espacial y cultural, vivo de hechos y situaciones que las personas han concebido para sus comunidades a lo largo de los tiempos, mas que con la interpretación generalizada de “tipo” como receta geométrica despersonalizada que refiere a las constantes de los espacios rebatidos en planos.
Buscamos que nuestra producción sea de “proceso” y no de “estilo”. Cada situación tiene su verdad y uno tiene un “proceso” de ideas que la desentraña y no un estilo que la controla y pone en caja (valga como ejemplo acotar que Robert Venturi, Clorindo Testa o Antonio Berni son “proceso” y Mario Roberto Alvarez o Raúl Soldi son “estilo”).
A la hora de intervenir en edificios existentes nuestra mejor
elección es que siempre lo que propongamos debe ser su-
perador de lo que existe, de no ser así preferimos dejarlo como
está o hacerlo de nuevo.
Sentimos que los materiales y las soluciones constructivas tienen una belleza en sí mismos y siempre tratamos de mostrarla, por ser la belleza “natural” y propia de la construcción y no de los preconceptos del prestigio. Este arte de las cosas como son surge de ver una realidad como es, no como uno quisiera que fuera, ni como fue. |
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ideas y opinionesideas and opinions
reflexiones
Jorge Hampton, Emilio Rivoira. 1987.
Nos importa hacer arquitectura de "servicio" y no de "prestigio". Interpretar las exigencias o que es lo que hace falta o nos gusta de un tema al que tenemos que "servir"; entrar reconociendo lo que va a ocurrir en términos de "evento" y no de "funciones" ya que estas últimas remiten al concepto mecanicista del purismo racionalista, que despoja los valores mas allá de la simple relación entre la dimensión necesaria de los lugares (forma), para que ocurran los desplazamientos necesarios (función). El evento (según veíamos con Freddy Garay) concilia esta simple ecuación con las ponderaciones que mencionábamos al hablar de lo contextual.
Creemos que la arquitectura que surge de preexistencia y vocaciones reales es la que se aproxima a una arquitectura nacional, aquella que se detiene en lo propio y se aleja de lo ajeno (diría Roberto Fernández). Si el que proyecta se siente a su vez parte de un proyecto común y mayoritario de la comunidad hará arquitectura popular, y esta será el eficaz y directo continente de los usos de la gente.
Nos ocupa, en síntesis, producir ideas y arquitectura de lo real, lo propio, lo que "nos pasa", alejándonos tanto de la abstracción como panacea (modernismo) como de la torpe esperanza de creer que el futuro está en el pasado (historicismo).
Concluimos nuestras reflexiones con una cita del saber universal perteneciente a Goethe:
"La naturaleza siempre está creando nuevas formas.
Lo que ahora existe no existió nunca antes,
lo que existió en el pasado no volverá,
todo es distinto y sin embargo siempre es lo mismo".
Agregamos a su correlato arquitectónico, en versión Alvaro Siza: "los arquitectos no inventan nada, sólo transforman la realidad."
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